
La alerta se materializó en helicópteros sobrevolando la frontera, agentes apostados con binoculares vigilando la visita, EU criticando la “provocación” de Ahmadineyad y un diputado ultraderechista israelí llamando a “aprovechar” y matar de una vez por todas al mandatario iraní.
Resultó sísmica la dichosa visita ¿Por qué? ¿No es común que un presidente visite a un país amigo? ¿No es bello ver a niños chapeados saludando a la comitiva del visitante, agitando banderas del país aliado? ¿Entonces cuál es el problema? Desde nuestra perspectiva, que no conoce de tensiones geopolíticas que merezcan ese nombre en toda su extensión, el viaje es anecdótico, pero para Medio Oriente representa “un poco” más.
Después de pasear por las calles atestadas de carteles con su imagen y ser recibido como un auténtico héroe, Ahmadineyad celebró un mitin en el estadio de Bint Jbeil, a tres kilómetros de Israel, en donde elogió la resistencia de Jezbolá en su lucha contra el enemigo, les recordó a todos los seguidores de “El Partido de Dios” que Teherán los apoya y seguirá a su lado siempre y les agradeció por ser “la universidad de la Yihad” (guerra santa).
Un momento ¿Jezbolá gobierna Líbano? ¿Por qué acudir a un acto masivo organizado por un partido político antes de encontrarse con sus homólogos libaneses? Simple, porque Jezbolá le debe la vida a Irán.
En la década de los setenta, la revolución islámica que acababa de destronar al Sha en Irán fundó El Partido de Dios. Ultraconservador, el grupo sirvió para acabar con las facciones moderadas que participaron en la revolución y erigir el régimen de los ayatolas en el país.
En los años ochenta, y ya asentado en Líbano, Jezbolá resistió armado durante 20 años de ocupación Israelí en el sur y el dominio pleno de Siria (un tercero en conflicto sobre el que no alcanzaríamos a hablar aquí) en el resto del territorio, hasta que el gobierno de Tel Aviv decidió unilateralmente salir del país que alguna vez fue considerado “La Suiza de Medio Oriente” por su riqueza económica.
Antes de salir, durante muchos años Israel sembró la semilla de Jezbolá; no de su origen, pero sí de su fortaleza en Líbano. Masacres y torturas como las de la cárcel de Jiam fueron el germen en el que abrevó el grupo armado. Eso, además del financiamiento de Irán –entre 60 y 100 millones de dólares al año según EU- lo han mantenido con vida.
Su poder se incrementó a raíz del asesinato del primer ministro Rafik Hariri -que hasta ahora no se ha esclarecido pero del que se ha culpado a Siria- y de la guerra israelo-libanesa de 2006, que en una semana dejó más de mil libaneses muertos y gran parte de la infraestructura del país destruida.
Hoy Líbano no es gobernado por Jezbolá. La constitución establece que, para no excluir a ninguna minoría, la presidencia será ocupada por un cristiano maronita, el primer ministro será un sunih y el líder del senado un chiita. Los dos primeros puestos están ocupados por hombres que fueron palomeados por EU cuando formaron gobierno en 2008 (Michel Sleiman y Saad Hariri, respectivamente) y destacan por su postura antisiria y contraria al Partido de Dios.
Aún así, Jezbolá ha recibido en persona la bendición presidencial de Ahmadineyad. El discurso bélico del iraní no ha estado nunca más acorde con los tiempos que ahora. El periodista Robert Fisk advierte que el mitin en el estadio de Bint Jbeil es el prolegómeno de una posible nueva guerra con Israel, país que espera que el conflicto se desate la próxima primavera.
Pero en el fuero interno también cabe la sospecha. El periódico inglés The Guardian detalla que grupos contrarios a Jezbolá temen que se desate una guerra civil en el país que podría encontrar su detonador en un informe que está a unos días de darse a conocer, un informe que culparía a Jezbolá de estar implicado en el asesinato de Rafik Hariri en 2005 y que, sin duda, convertiría a los libaneses en sus propios enemigos y compañeros de cama.
Vaya si es este un conflicto geopolítico ¿verdad?
PD: Aquí un perfil de Ahmadineyad visto por el ojo crítico de Muchachada Nui






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