miércoles, 3 de noviembre de 2010

El globo Obama

"¿Qué se siente perder?", le preguntaron a Barack Obama en la rueda de prensa fue dio en la Casa Blanca un día después del supermartes electoral en el que los republicanos le arrebataron el control de la Cámara de Representantes. "Se siente mal", dijo el presidente mientras trataba de sonreír. Y sí, debe sentirse mal, sobre todo para un hombre que, hasta esta semana, no conocía la derrota.

Hace dos años, el huracán Obama arrasó con todo y todos en el espectro político estadounidense, movió corazones y, casi con la mano en la cintura (en términos de números), se convirtió en el primer afroamericano en asumir la presidencia de su país.

¿Qué pasó con ese Obama, el hombre que movía multitudes y que representó como pocos en los últimos años al político carismático, elevado casi a nivel de estadista aún sin iniciar su gobierno? ¿Cómo pudo desinflarse en dos años ese globo que parecía imparable y único?

La respuesta podría obedecer a una cuestión de percepción. Primero, la percepción que tienen los estadounidenses de la gestión Obama con base en sus propuestas de campaña en 2008; y la segunda, la percepción que el propio Obama tiene de sí mismo. Al final, ambas se complementan.

En la misma rueda de prensa, Obama dijo que estar en la Casa Blanca es como "estar en una burbuja", en donde no se siente el contacto directo con la gente. Después de aceptar su responsabilidad por la derrota demócrata, el presidente regaló frases como "mi objetivo principal es lograr una economía fuerte", "buscaré abrir los mercados en Asia" y "hemos atravesado por momentos terribles y siempre los hemos superado". Palabras de candidato, no de presidente.

En la percepción que Obama tiene de sí mismo, la campaña de 2008 continúa. El huracán que era hace dos años es y seguirá siendo. "No cambiaré mi estilo de liderazgo", respondió en la misma rueda de prensa y ese quizá sea su mayor lastre. Como buen orador Obama supo despertar la esperanza en los electores en la campaña; como presidente, los actos deberían decir más que las palabras, principalmente en un país en donde los ciudadanos esperan que los cambios sucedan lo más pronto posible.

Quienes votaron por Obama, y algunos de los que no lo hicieron también, percibieron en él al salvavidas que rescataría a EU del hundimiento en que quedó tras ocho años de gobierno republicano. En la última etapa de George Bush las encuestas revelaban una molestia de los estadounidenses con su gobierno, sentimiento que Obama supo capitalizar para llegar al poder. Hoy, las mismas encuestadoras muestran una molestia hacia él. El bumerang lo golpeó y sólo han pasado dos años.

La percepción y exigencia que demandaron los votantes de Obama no es gratuita. Podría parecer absurdo que se esperen cambios en la economía (la mayor preocupación de los estadounidenses según las encuestas) en un plazo tan breve; pero si así lo han hecho, es porque es lo que el presidente prometió en su campaña, y con el mismo discurso siguió prometiendolo cuando ya vivía en la Casa Blanca.

Podría parecer más absurdo aún que los republicanos sean vistos ahora como la solución al estancamiento económico, cuando fue un gobierno salido de sus filas el que provocó la debacle; pero fue Obama el que, sin intención, acrecentó sus bonos al permitir que el globo de esperanza que representaba siguiera inflándose a pesar de que él sabía que la crisis y el desempleo no se resolverían en la primera etapa de su gestión.

Obama tiene por delante dos años de gobierno para sobreponerse, sin embargo el panorama es sombrío. Un día después de las elecciones los republicanos le dieron un adelanto de lo que enfrentará al asegurar que buscarán derogar la reforma de salud, uno de sus principales logros. Con un Congreso de oposición, gobernadores con el poder de redistribuir los distritos electorales y una ciudadanía impaciente, Obama debe empezar a actuar como presidente y no como candidato. Algo difícil con la tentación de la reelección a la vuelta de la esquina.

Apenas hace dos semanas, al hablar sobre el estancamiento en el tema migratorio, Obama dijo que a pesar de sus promesas de campaña (que le granjearon el voto hispano) no sería fácil sacar adelante una reforma ya que, dijo, "soy presidente, no rey". La frase es excelente. Ojalá alguien se la hubiera dicho hace dos años cuando asumió la presidencia.

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