El año empezó difícil para él, el anterior terminó igual. Durante todo 2010 el presidente se enfocó en un solo objetivo: las elecciones; ¿gobernar? Ya habría tiempo después.
Su imagen apareció en todos lados, dio discursos, encabezó mítines y giras, se sintió nuevamente en campaña y recordó sus tiempos de aspirante. Ahora él no aparecía en las boletas, no al menos explícitamente, pero detrás de cada legislador, cada senador y representante se advertía su presencia. Su programa, su gobierno y su futuro dependían de que el partido oficial ganara esas elecciones.
Y llegó el día. Y cuando contaron los votos, la oposición se había metido hasta la cocina. No estaba muerta como él había creído; el golpe demoledor que se encargó de propinarle en las últimas elecciones no lo fue tanto. Regresó y no viene sola, trae bajo el brazo una agenda apretada de propósitos de año nuevo que se resumen en hacerle imposible lo que le resta de gobierno y, finalmente, recuperar la presidencia.
Apenas reconoció la derrota. Minimizar el golpe sería menos doloroso y, con suerte, lo fortalecería para volver a demostrar que a él no le ganan dos elecciones seguidas, y menos si en la siguiente su cara aparecerá sonriente en la boleta.
Hizo el clásico llamado a la unidad. La demagogia como estilo de vida y pidió dejar atrás las afrentas, trabajar conjuntamente y bla, bla, bla. Pero la oposición no cambió su oro por esos espejos. Con los votos en la mano que le aseguraron una mayor presencia que antes en el Congreso dejó ver el camino que vendría.
Ir contra todas las reformas planeadas por el presidente para este año. Votar contra ellas y proponer iniciativas contrarias. Aún más, atacar aquellas ya aprobadas que habían generado polémica en el país.
¿Qué hacer? Aprovechar los últimos días como mayoría en el Congreso y aprobar todas las leyes posibles. Una reforma aquí, una nueva ley acá y listo, prepararse lo mejor que se pudiera para un periodo con una gran parte de los legisladores en contra. Así terminó el año.
2011 empezó no sólo con la instalación del nuevo Congreso y el inicio de sesiones. A la par, vio el momento de arreciar la carrera hacia la reelección en 2012. Su discurso y su actuar a partir de ahora se harán con la mira puesta en esos comicios, mientras enfrenta lo mejor que pueda los embates en el Congreso.
Sólo queda una pregunta. ¿De quién hablamos? ¿De Obama en EU o de Chávez en Venezuela?







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