viernes, 26 de febrero de 2010

Malditos eufemismos

Otra vez el vocabulario. Otra vez las palabras que se evitan, escondidas entre la vergüenza y el miedo absurdo, criminal. Ayer, Nicolás Sarkozy visitó a su homólogo en Ruanda, Paul Kagame en lo que fue la primera visita de un mandatario francés al país después del genocidio de 1994.

Antes de la masacre, Francia había entrenado y armado a las milicias radicales hutus que encabezaron los asesinatos de tutsis y hutus moderados, por lo que el gobierno de París es señalado como uno de los responsables de la matanza de 800 mil personas en poco menos de cien días.

La visita de Sarkozy despertó expectativas; el primer paso de un mea culpa simbólico que, lamentablemente, nunca se escuchó. Después de la ofrenda floral en el Memorial del genocidio, Sarkozy aceptó, tímido, que Francia cometió “errores de apreciación” en 1994 y que la Operación Turquesa encaminada a detener los asesinatos “llegó demasiado tarde”.

De disculpas, sin embargo, nada. La negación por sobre todo, la defensa injustificada, y el eufemismo aberrante. Cuando se le preguntó por qué no ofrecía una disculpa como en algún momento lo hiciera Bélgica –antiguo colonizador de Ruanda- Sarkozy se excusó: “venimos a reconciliar a dos naciones, no a hacer una competición con el vocabulario”.

Hoy Sarkozy, ayer Bill Clinton. El presidente francés debe recordar cuando en medio de la masacre el gobierno de Estados Unidos, empecinado en minimizar la magnitud del crimen, evitó utilizar la palabra “genocidio” para describir lo que se vivía en Ruanda. “Actos de genocidio” lo llamó, y así, con sólo agregar dos palabras, consiguió que la misión de la ONU en África no se viera obligada a intervenir en la región de los Grandes Lagos.

800 mil muertos, 8 mil personas asesinadas a machetazos cada día al amparo de dos palabras, el eufemismo escudado en la inefabilidad.

Sarkozy dijo: “venimos a pasar la página”, y en ella se fue la palabra “disculpa”. Es el miedo a las palabras, esas que para el presidente francés parecen no ser tan importantes, esas que pueden cambiar, construir y destruir todo.

En la tragedia de Fausto, Goethe escribió: “En un principio existía el verbo; en un principio existía el espíritu; en un principio existía la acción”. Así de importantes son las palabras, así de vacía fue la visita de Sarkozy a Ruanda.

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