“Mató a mi mamá, mató
a mi papá, pero votaré por él de todos modos”
Slogan de campaña de Charles Taylor en 1997
La Corte Penal
Internacional de La Haya condenó al ex presidente de Liberia, Charles Taylor,
por crímenes de guerra y contra la humanidad cometidos en Sierra Leona.
Tuvieron que pasar 66 años para que la justicia internacional sentenciara
formalmente a un ex jefe de estado desde que lo hiciera en Nüremberg con Karl
Denitz, sucesor formal de Hitler.
Fueron seis años de
juicio en los que la Corte escuchó declaraciones de las víctimas del Frente
Revolucionario Unido (FRU), la guerrilla que Taylor armó y financió a cambio de
diamantes extraídos del rico suelo de Sierra Leona. El veredicto: culpable de
once cargos, entre ellos asesinato, violación, reclutar niños soldado y
convertir a niñas en esclavas sexuales, entre otros. Si bien la sentencia es un
triunfo para La Haya, no deja de tener claroscuros y un sabor agridulce. (Pueden leer aquí el veredicto oficial en inglés)
Las víctimas olvidadas
La Corte Penal
Internacional juzgó los crímenes cometidos por el FRU en Sierra Leona, un país
que Charles Taylor nunca pisó durante los once años que duró la guerra civil.
Desde Liberia, el señor de la guerra financió al grupo y se hizo millonario
cambiando armas por diamantes sangrientos y oro. Al menos 50 mil personas
perdieron la vida. El FRU se volvió cruelmente famoso por amputar miembros y
violar mujeres y niñas. 6 mil personas fueron mutiladas en Sierra Leona y miles
de niños obligados a combatir.
Pero en Sierra Leona,
la figura de Taylor es difusa. En un ambiente cargado de violencia, poco
importa quién paga los machetes que mutilan a tu familia o las AK47 que
asesinan a tus vecinos, si no quien te obliga a ver el crimen y después te
recluta para la guerra. El misionero Chema Caballero, quien ha vivido décadas
en el este africano, relata que, a miles de kilómetros de la cárcel inglesa de
Taylor, no hay sensación de justicia cuando las víctimas aún conviven con los
victimarios en sus aldeas.
En Liberia, el
sentimiento es similar. 200 mil personas murieron durante las dos guerras civiles
que provocó Charles Taylor; ninguna de esas muertes forma parte de la condena
del ex presidente. Los crímenes que cometió él y su ejército en su propio país
no fueron juzgados pese a su gravedad. Jon Lee Anderson relataba en un
reportaje de 1998 para The New Yorker uno de los “juegos” de los soldados de
Taylor, muchos de ellos adolescentes. Los jóvenes apostaban para ver quién
adivinaba el sexo del feto que tenían las mujeres embarazadas que capturaban;
para determinar al ganador, les abrían el vientre y sacaban el producto. (La
misma práctica que narra Arturo Pérez Reverte en “El pintor de batallas” sobre
sus recuerdos de Bosnia).
La lista del terror es
larga: los soldados mutilaban, violaban y llegaban al canibalismo al comerse los
corazones y genitales de sus víctimas. Ninguna de estas atrocidades será
castigada, y aunque los crímenes en Sierra Leona no son menos dolorosos, la
justicia, aquí, olvidó a muchas víctimas.
Taylor y la CIA
La biografía de Charles
Taylor no es muy distinta de la del típico dictador africano. Estudió economía
en EU, trabajó en el gobierno del presidente golpista Samuel Doe y años después
él mismo lo derrocó, impulsando una guerra civil que desangró a su país durante
una década. Pero hay un periodo del que se conoce poco, y que ha dado pie a
muchas especulaciones.
Taylor abandonó el
gobierno de Doe acusado de malversar un millón de dólares. Poco después fue
detenido en EU y encerrado en una prisión de alta seguridad, de donde se fugó
en 1985. Aparecería después en Libia, en los campos de entrenamiento de Muammar
Gaddafi en Bengasi. En 1989, liderando las Fuerzas Nacionales Patrióticas, Taylor
entró a Liberia desde Costa de Marfil para tomar el poder.
En cuatro años, pasó
de una prisión en EU a liderar un golpe de Estado en África. ¿Cómo lo hizo? Elmisionero Chema Caballero ha documentado declaraciones de varios actores, entre
ellos el señor de la guerra Prince Johnson y del propio Taylor, quienes
aseguran que recibió apoyo de la CIA para escapar y colaboró con Washington a
cambio de derrocar a Doe, brindar información sobre Gaddafi y tomar el control
de éste de África.
A pesar del peso de
Charles Taylor, la cadena de la cuál es un eslabón aún tiene a personajes no
sentenciados por debajo y sobre él.
Los otros “Charles Taylor”
La justicia nunca será
suficiente. Sobre esta premisa trabaja el tribunal de La Haya. Entre sus
críticos resalta el argumento de que la mayor parte de las condenas han sido
aplicadas a criminales africanos (al menos 23, la mayoría por el genocidio
ruandés) y en pocos casos a personajes occidentales (recuerdo al menos la
condena a los primos Lukic por el Tribunal para Yugoslavia).
Muchos acusados han
escapado a la acción de La Haya de una forma u otra y otros mantienen juicios cuyo
veredicto parece lejano. Slobodan Milosevic se suicidó durante su proceso,
Radovan Karadzic se niega a comparecer y Ratko Mladic desconoce a la Corte.
Muchos países - entre ellos EU, Rusia, China, Israel y Cuba- ni siquiera han
firmado su estatuto.
Siempre que un
criminal de la talla de Taylor recibe los reflectores, hay que recordar que la
justicia es más que una condena, que junto
a él y en otros países hay personajes igual de sombríos que nunca serán
juzgados y que los pueblos victimizados requieren más que la decisión de un
tribunal para superar décadas de dolor y sangre.
*Pueden ver aquí fotos de Sierra Leona tomadas por el fallecido Tim Hetherington
*Pueden ver aquí fotos de Sierra Leona tomadas por el fallecido Tim Hetherington








Vientos ex frooo, en The Guardian salen en la edición del 26 de abril fotos de Sierra Leona después de Charles Taylor, la le di retweet.
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