viernes, 27 de abril de 2012

Condena a Charles Taylor, los claroscuros


“Mató a mi mamá, mató a mi papá, pero votaré por él de todos modos”
Slogan de campaña de Charles Taylor en 1997


La Corte Penal Internacional de La Haya condenó al ex presidente de Liberia, Charles Taylor, por crímenes de guerra y contra la humanidad cometidos en Sierra Leona. Tuvieron que pasar 66 años para que la justicia internacional sentenciara formalmente a un ex jefe de estado desde que lo hiciera en Nüremberg con Karl Denitz, sucesor formal de Hitler.

Fueron seis años de juicio en los que la Corte escuchó declaraciones de las víctimas del Frente Revolucionario Unido (FRU), la guerrilla que Taylor armó y financió a cambio de diamantes extraídos del rico suelo de Sierra Leona. El veredicto: culpable de once cargos, entre ellos asesinato, violación, reclutar niños soldado y convertir a niñas en esclavas sexuales, entre otros. Si bien la sentencia es un triunfo para La Haya, no deja de tener claroscuros y un sabor agridulce. (Pueden leer aquí el veredicto oficial en inglés)




Las víctimas olvidadas


La Corte Penal Internacional juzgó los crímenes cometidos por el FRU en Sierra Leona, un país que Charles Taylor nunca pisó durante los once años que duró la guerra civil. Desde Liberia, el señor de la guerra financió al grupo y se hizo millonario cambiando armas por diamantes sangrientos y oro. Al menos 50 mil personas perdieron la vida. El FRU se volvió cruelmente famoso por amputar miembros y violar mujeres y niñas. 6 mil personas fueron mutiladas en Sierra Leona y miles de niños obligados a combatir. 

Pero en Sierra Leona, la figura de Taylor es difusa. En un ambiente cargado de violencia, poco importa quién paga los machetes que mutilan a tu familia o las AK47 que asesinan a tus vecinos, si no quien te obliga a ver el crimen y después te recluta para la guerra. El misionero Chema Caballero, quien ha vivido décadas en el este africano, relata que, a miles de kilómetros de la cárcel inglesa de Taylor, no hay sensación de justicia cuando las víctimas aún conviven con los victimarios en sus aldeas.




En Liberia, el sentimiento es similar. 200 mil personas murieron durante las dos guerras civiles que provocó Charles Taylor; ninguna de esas muertes forma parte de la condena del ex presidente. Los crímenes que cometió él y su ejército en su propio país no fueron juzgados pese a su gravedad. Jon Lee Anderson relataba en un reportaje de 1998 para The New Yorker uno de los “juegos” de los soldados de Taylor, muchos de ellos adolescentes. Los jóvenes apostaban para ver quién adivinaba el sexo del feto que tenían las mujeres embarazadas que capturaban; para determinar al ganador, les abrían el vientre y sacaban el producto. (La misma práctica que narra Arturo Pérez Reverte en “El pintor de batallas” sobre sus recuerdos de Bosnia).

La lista del terror es larga: los soldados mutilaban, violaban y llegaban al canibalismo al comerse los corazones y genitales de sus víctimas. Ninguna de estas atrocidades será castigada, y aunque los crímenes en Sierra Leona no son menos dolorosos, la justicia, aquí, olvidó a muchas víctimas.

Taylor y la CIA


La biografía de Charles Taylor no es muy distinta de la del típico dictador africano. Estudió economía en EU, trabajó en el gobierno del presidente golpista Samuel Doe y años después él mismo lo derrocó, impulsando una guerra civil que desangró a su país durante una década. Pero hay un periodo del que se conoce poco, y que ha dado pie a muchas especulaciones.

Taylor abandonó el gobierno de Doe acusado de malversar un millón de dólares. Poco después fue detenido en EU y encerrado en una prisión de alta seguridad, de donde se fugó en 1985. Aparecería después en Libia, en los campos de entrenamiento de Muammar Gaddafi en Bengasi. En 1989, liderando las Fuerzas Nacionales Patrióticas, Taylor entró a Liberia desde Costa de Marfil para tomar el poder. 




En cuatro años, pasó de una prisión en EU a liderar un golpe de Estado en África. ¿Cómo lo hizo? Elmisionero Chema Caballero ha documentado declaraciones de varios actores, entre ellos el señor de la guerra Prince Johnson y del propio Taylor, quienes aseguran que recibió apoyo de la CIA para escapar y colaboró con Washington a cambio de derrocar a Doe, brindar información sobre Gaddafi y tomar el control de éste de África.

A pesar del peso de Charles Taylor, la cadena de la cuál es un eslabón aún tiene a personajes no sentenciados por debajo y sobre él.


Los otros “Charles Taylor”


La justicia nunca será suficiente. Sobre esta premisa trabaja el tribunal de La Haya. Entre sus críticos resalta el argumento de que la mayor parte de las condenas han sido aplicadas a criminales africanos (al menos 23, la mayoría por el genocidio ruandés) y en pocos casos a personajes occidentales (recuerdo al menos la condena a los primos Lukic por el Tribunal para Yugoslavia).  

Muchos acusados han escapado a la acción de La Haya de una forma u otra y otros mantienen juicios cuyo veredicto parece lejano. Slobodan Milosevic se suicidó durante su proceso, Radovan Karadzic se niega a comparecer y Ratko Mladic desconoce a la Corte. Muchos países - entre ellos EU, Rusia, China, Israel y Cuba- ni siquiera han firmado su estatuto.

Siempre que un criminal de la talla de Taylor recibe los reflectores, hay que recordar que la justicia  es más que una condena, que junto a él y en otros países hay personajes igual de sombríos que nunca serán juzgados y que los pueblos victimizados requieren más que la decisión de un tribunal para superar décadas de dolor y sangre.


*Pueden ver aquí fotos de Sierra Leona tomadas por el fallecido Tim Hetherington 

1 comentario:

  1. Vientos ex frooo, en The Guardian salen en la edición del 26 de abril fotos de Sierra Leona después de Charles Taylor, la le di retweet.

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