jueves, 3 de mayo de 2012

¿Quién mató al espía inglés?


Agosto de 2010. Policías londinenses entran a un departamento en la avenida Alderney. El domicilio está cerrado por dentro, no hay puertas ni ventanas forzadas. En el piso del baño hallan una gran bolsa de deportes cerrada con candado; adentro, están las llaves de la cerradura, además del cuerpo desnudo de un hombre, en estado de descomposición. Hasta aquí la trama ya es compleja, pero es sólo la primera parte.

Dentro de la bolsa, además del cadáver con al menos dos semanas de descomposición, los policías encontraron un celular y varias tarjetas SIM.

El cadáver hallado es el de Gareth Williams, de 31 años. Deportista, asiduo al ciclismo, reservado,  con un genio matemático que le permitió graduarse de la universidad a los 17 años, Williams era también un agente del servicio secreto MI6, era un espía inglés.

Año y medio después de la muerte de Williams, la compleja historia que parece sacada de la mente de Ian Fleming llegó a su fin… por así decirlo. La juez Fiona Wilcox determinó que hubo una intención criminal en la muerte del agente especializado en descifrar códigos, pero quizá nunca se sabrá más. El proceso de investigación incluyó la comparecencia de 37 agentes del MI6. Con el veredicto, la juez desecha los argumentos que calificaban la muerte de Williams como un accidente provocado por una práctica sexual de riesgo.


La policía también quiso tener su papel bizarro en esta historia, y contrató a un experto en yoga para demostrar que podía encerrarse sólo en la bolsa. 



El espía ya había sido hallado atado a la cama por su casero en una ocasión y en su apartamento se encontraron ropas de mujer nuevas, pero su familia ha desmentido que Williams fuera gay o usara la asfixia como práctica sexual. Además, la juez dijo en sus conclusiones que estaba segura de que otra persona había colocado el cuerpo del agente en la bolsa y la había dejado en el piso del baño. De ser cierto, el implicado se habría dado tiempo de limpiar sus huellas del lugar, encender la calefacción para acelerar la descomposición y salir del departamento.

Fiona Wilcox concluyó que el agente fue “unlawfully killed” (por chistoso que se escuche es un veredicto contemplado en las leyes inglesas, vean), aunque se declaró incapaz de nombrar a un culpable y dijo que pese a la extrañeza del caso su muerte podría no estar vinculada a su trabajo. Sin embargo, criticó a los servicios secretos ingleses de la misma manera en que lo hizo la familia de Williams por su postura a lo largo del caso. La labor del MI6 y de la policía antiterrorismo abonó más polémica a la de por sí extraña muerte del agente.


No es el Ministerio de la Verdad, es el MI6


La agencia reportó la desaparición de Williams hasta que su hermana lo buscó, una semana después de su muerte. El MI6 fue criticado por no haber encendido antes la alarma por la desaparición de uno de sus agentes que llevaba días sin presentarse a trabajar. Además, omitió reportar a la policía el hallazgo de nueve memorias USB en la oficina de Williams y se negó a revelar el contenido de ellas alegando motivos de seguridad.

“Hemos aprendido una lección”, dijo John Sawers, jefe del servicio secreto inglés. En la tónica de esta historia y como si fuera la serie “Misterios sin resolver” y no una investigación judicial, la jueza concluyó que "la mayor parte de las preguntas fundamentales con relación a cómo murió Gareth continúan sin respuesta". Vaya historia.


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